Corría el año 1985 cuando se vivía una conmoción por la muerte del actor Rock Hudson a causa del SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). El revuelo que causó la noticia contribuyó a la formación de una conciencia social.

 

El VIH era sinónimo de muerte. Se desarrollaron medicamentos y las personas iniciaron su tratamiento precozmente y esa percepción cambió. Los pacientes podían hacer una vida completamente normal.

Hay que tener claro que VIH y SIDA no son lo mismo. El VIH o Virus de la Inmunodeficiencia Humana es un retrovirus que ataca al sistema inmunitario de la persona infectada. El sistema inmunitario es la defensa natural de nuestro cuerpo frente a los ataques infecciosos que nos causan enfermedades. Se habla de inmunodeficiencia cuando el sistema inmunitario ya no puede cumplir su función de combatir las infecciones.

Al principio de la infección por el VIH, etapa precoz o aguda, las personas pueden sentirse enfermas como si tuvieran gripe y esto puede durar algunas semanas. Después en la etapa intermedia o crónica, las personas tienen la oportunidad de tomar tratamiento antirretroviral y así permanecer en esta etapa por varias décadas y sin desarrollar SIDA. En la etapa avanzada, como consecuencia del grave deterioro del sistema inmunológico, el VIH está venciendo la batalla y si la persona no es tratada desarrollará enfermedades que le pueden provocar la muerte por SIDA.  

El hecho de tratar la enfermedad lo antes posible ha hecho que la esperanza de vida de estos pacientes sea cada vez mayor. Sin embargo, los jóvenes de hoy en día, que nacieron después de los 80’s, no conocieron esa etapa de la evolución de la enfermedad y le han perdido el miedo al VIH. En general la población se ha relajado y ha dejado de utilizar preservativos y otros métodos de barrera para evitar infectarse. Esto incluye a todas las personas que mantienen relaciones sexuales sin protección, cualquiera que sea su orientación sexual y tipo de práctica. En particular los adolescentes con promedio de edad de 14.9 años tienen una baja percepción del riesgo de VIH.

ONUSIDA ha establecido objetivos a alcanzar en el año 2020 para poner fin a la epidemia de SIDA para el 2030. Entre estos objetivos está que el 90% de las personas diagnosticadas con VIH deben recibir tratamiento antirretroviral.

Los antirretrovirales impide que el virus se reproduzca, lo que reduce la carga viral, reduciendo la posibilidad de contagio. Al tener menos concentración del virus en el organismo el sistema inmunitario tiene más posibilidad de recuperarse y aunque no se elimina al virus del todo, está lo suficientemente fuerte como para combatir las infecciones.

La línea Tempus Pharma de Ifa Celtics cuenta con un antirretroviral de elección ya que gracias a su existencia la infección por VIH ha pasado de ser una enfermedad rápidamente progresiva de curso mortal a ser una enfermedad manejable, de evolución crónica, que no afecta la cantidad ni calidad de vida de la inmensa mayoría de las personas que la padecen. ¡Y eso no es todo lo que ofrece!  Tomar antirretrovirales post-exposición, es decir, después de una posible exposición al VIH, previene la infección por ese virus. Esto es en situaciones de emergencia, no como uso regular por las personas expuestas al virus con frecuencia.  Con la gran ventaja de su costo ya que es considerablemente menor comparado con otros antirretrovirales.

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